17/02/2012

Resaca imprevista


Días de siniestra luz iluminan el despertar de las resacas imprevistas. Con el cuerpo perjudicado y la mente obtusa, intentas preparar el té. Los pájaros ya no cantan, pues están muertos por el contraste térmico. Los inviernos actuales son una locura. 10 grados a mediodía y 5 bajo cero de madrugada.

Bienvenidos al desierto de las sábanas arrugadas por el sueño solitario. Bienvenidos al desierto de las paredes vacías resonando esa vieja felicidad que debería sumar valor inmobiliario. Siempre que exista un fin dejarán de importar los medios. Es una sentencia dura pero real. Asómate a la ventana y dime lo que ves. Yo asisto inquieto al colapso de toda una civilización esperando, dedos cruzados, que semejante cataclismo no afecte a nuestro amor animal.

Resulta saludable adoptar una actitud pesimista. Nada como dar por perdido algo para que se haga realidad. Nada como bramar al viento, describir quimeras, para que al final aparezca una. Estamos vivos porque dudamos, claro que sí. Estamos vivos porque no somos unos listillos recitando sentencias. Estamos vivos porque no somos gilipollas, y de igual modo moriremos. Moriremos más allá de futuros inmediatos, más allá del dolor por el sueño que no fue. Moriremos en una carambola mística similar a la que nos unió por siempre. Sin dogmas ni revelaciones. Sin dudas ni certezas. Tan sólo muertos, los dos, a lomos de la tormenta ionizante.

El mayor problema de la gente es que confunde sumisión con servilismo. Dominio con abuso. Fiebre, perspectiva y victoria. Conceptualizamos al azar porque somos casuales. Vertemos nuestro mensaje al interlocutor adecuado porque estamos solos. Quizá más solos que nunca. En realidad, el mayor lujo sigue siendo estar. Saberse aquí, bien cerca, luces confluyendo en agonías que pasaron. Bien cerca. Un aliento condensado por dos fuentes. Un vínculo que se cumple apenas tu mirada me guiña un ojo.

Yo sólo quiero disfrutar a tu lado. Bebernos las fuentes del Nilo y permanecer fosilizados hasta el próximo milenio, cuando las entrañas de la tierra erupcionen. Yo sólo quiero compartir mi sonido, mi dicha y mi semen con tu risa, tu carne y tu sangre. Yo sólo soy un ser modesto cegado por la siniestra luz que ilumina el despertar de esta resaca imprevista.

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Música: Overtura (Costa)

6 comentarios:

el maquinista ciego dijo...

No sé cómo no me fijé antes bien, cómo no fui consciente del porqué del nombre de tu blog. Aquí está una de las crónicas apocalípticas de esta era 'nádica' que en autofagocitación terminará. El país de las últimas cosas, que decía Auster, allá donde el consumismo no sólo consume sino que consuma la profecía de sí mismo. Se va devorando, poco a poco, hasta que por fin Todo es Nada. Y a algunos nos toca verlo, mientras el resto se ocupa en obedecer como autómatas al hambre insaciable de sus entrañas mal programadas....

Enn finn, va a ser que la resaca ayuda a la claridad mental xD

Como decía alguien en el (buenísimo) post anterior, joder qué bien escribes!

Que tengas un buen día ;))

Loba dijo...

Sin duda esas mañanas nos despiertan decididas a cobrarse la inconsciencia que nos dominó la noche anterior. Demasiada claridad. Un saludo Advenedizo.

Ina dijo...

Morir será probablemente una de las acciones más sencillas. Siendo así y teniendo en cuenta que moriremos todos, disfrutemos de las quimeras que ya han aparecido y de las que aparecerán hasta entonces, no nos vaya a pillar la resaca imprevista y eterna :)

Advenedizo. dijo...

Ina, tu postura es la más cuerda que puede haber, antigua como el mundo. Disfrutemos de lo que hay ahora, pues mañana quizá no haya nada.

Loba, ese exceso de claridad del que hablas es, sin duda, el precio a pagar por la inconsciencia que tantas palabras, caricias y sueños demenciales nos procuró la noche anterior.
Un saludo, Loba.

Maquinista ciega, ¿crees que todo esto acabará en autofagocitación? Quizá aciertes. A día de hoy no tengo ni idea de cómo será el fin de las circunstancias que me rodean, y te aseguro que me encanta vivir así. No me gustaría ser un amargado pesimista angustiado por la inminencia del final, de todos los finales.
Leí ese libro hace tiempo y me gustó mucho. Luego lo olvidé. Suele pasarme con las cosas que me gustan mucho. Las interiorizo y luego soy incapaz de hablar de ellas por formar parte de mí y confundirlas con arrebatos de ira o poesía.
Comparto ese papel de testigos involuntariamente conscientes de la que se nos viene encima. El caso es que no hace falta tener dotes de vidente para ver lo que está pasando. Supongo que sólo el imbécil es fiel a su programación hasta el final.
Sí, las resacas son muy clarificadoras. Suele darme por hablar de sodomía en ellas. A veces es más evidente, a veces toma formas raras como esto que acabas de leer.
Buena noche para ti también ;)

el maquinista ciego dijo...

jeje, a lo mejor lo parezco, pero no soy para nada pesimista, todo lo contrario. De hecho, era pesimista hace años, cuando 'no me pasaba nada' y me convertí al optimismo radical cuando me pasaron cosas de verdad y descubrí que lo malo de la vida nunca es para tanto ;)) No hagas mucho caso a mis 'creencias', no tengo ninguna inmóvil ni incuestionable, de hecho, ahora creo esto, en un rato aquello...enn finn, que voy en tren y me dejo llevar por el paisaje. Vamos, que no hay que hacerme excesivo caso xD

Buena semana!

Advenedizo. dijo...

maquinista, en realidad este tipo de conversaciones son más abstractas que otra cosa. Yo tampoco soy demasiado pesimista, pero por otros motivos. Supongo que sobrepasé el límite de pesimismo total y desde entonces vivo envuelto en una especie de optimismo suicida. A mí tampoco se me debe hacer demasiado caso :D
Saludos.